lunes, 16 de marzo de 2015

LAS OCHO ESTRATEGIAS QUE TIENEN LOS ESTUDIANTES DE PIANO MÁS EFICIENTES


Por: Noa Kageyama, Ph.D.
Traducción de Juan Fernando Pardo


SINOPSIS

Todos hemos escuchado la frase “al practicar, más vale la inteligencia que el esfuerzo”, pero, ¿qué significa esto realmente? ¿A qué se refieren con “inteligencia”? Un estudio llevado a cabo por estudiantes de piano universitarios sugiere que la clave está en cómo se manejan los errores.

Mientras mis hijos (a regañadientes) practicaban sus patrones de Tae Kwon Do no hace mucho, le dije al mayor que tenía que hacer sus patrones cinco veces antes de volver con sus videojuegos. Mi propósito, desde luego, no era que hiciera sus movimientos cinco veces con desgano y mucho esfuerzo como un zombi, sino que los hiciera de buena manera y con compromiso. Pero al padre que había en mí le parecía muy tranquilizador creer que un cierto número de repeticiones puede llevar a algún sitio. Más allá de la (errónea) creencia de que esto de alguna manera “automágicamente” solidificaría sus destrezas, uno lo siente como un sendero hacia una mayor disciplina, y como una manera de inculcarles a los hijos algún tipo de trabajo ético que los beneficiará en el futuro.

Es verdad que cierta cantidad de tiempo y repetición son necesarios para desarrollar y pulir nuestras habilidades, por supuesto. Pero también sabemos de alguna manera intuitivamente que para maximizar los beneficios debemos practicar “más inteligentemente, no más arduamente”. Pero, ¿qué significa eso realmente? ¿Qué es lo que hacen distinto los mejores estudiantes?

Estudiando a Shostakovich

Un grupo de investigadores dirigidos por Robert Duke de la Universidad de Tejas en Austin, llevó a cabo años atrás un estudio para comprobar si podían hallar las acciones específicas que distinguen a los mejores ejecutantes y a los estudiantes más eficientes. Diecisiete  estudiantes y profesores de piano accedieron a aprender un pasaje de tres compases del Concierto n.º 1 para Piano de Shostakovich. El fragmento tenía algunos elementos delicados, lo que lo hacía muy difícil de leer bien, pero no tan complicado que no pudiera ser aprendido en una sola sesión práctica.

El montaje

Los estudiantes tenían dos minutos para calentar y luego se les hizo entrega del fragmento de tres compases, un metrónomo y un lápiz. Se les permitió practicar el tiempo que quisieran, y que se marcharan cuando creyeran que habían concluido. El tiempo de práctica varió bastante, desde ocho y medio hasta algo menos de 57 minutos. Para asegurarse de que al día siguiente la prueba sería justa, se les pidió que NO practicaran el pasaje, ni siquiera en la memoria, las siguientes 24 horas.

24 horas después…

Cuando un día después regresaron los participantes para la prueba, tuvieron igualmente dos minutos para calentar, y luego se les pidió que tocaran el pasaje completo 15 veces sin detenerse (con pausas entre uno y otro intento, desde luego). Cada pianista fue evaluado desde dos niveles. El que tocaran las notas correctas con el ritmo correcto fueron los criterios primarios, pero los investigadores también clasificaron las ejecuciones de los pianistas de mejor a peor, basados en el sonido, el carácter y la expresividad.
Lo anterior arrojó tres interesantes hallazgos:
  1. El practicar por más tiempo no mejoró la posición en la clasificación.
  2. El número de repeticiones tampoco tuvo impacto en dicha clasificación.  
  3. El número de veces que tocaron el pasaje correctamente en la práctica tampoco tuvo relevancia en la clasificación. (Esperen, ¿qué?).
Lo que sí tuvo relevancia fue:
  • El número de veces que tocaron incorrectamente. A mayor número de veces que lo tocaban incorrecto, más baja tendía a ser su posición en la clasificación. 
  • El porcentaje de prácticas correctas parece ser que sí importó. Cuanto mayor era la proporción de intentos correctos en la sesión, más alto tendía a ser el número en la clasificación. 
Las ocho mejores estrategias

Tres ejecuciones sobresalen del resto, y fueron descritas como “con un sonido de mayor consistencia en cuanto a su regularidad, mejor precisión rítmica, mayor carácter musical (inflexión dinámica y rítmica más decidida), y una ejecución más fluida”.

Al observar más de cerca los videos de las sesiones, los investigadores identificaron ocho estrategias de práctica definidas que tenían en común los ocho mejores pianistas, y que ocurrían con menos frecuencia en las sesiones del resto: 
  1. Se estudiaba con manos juntas desde los primeros momentos de la práctica.
  2. La práctica tenía inflexión más pronto; la conceptualización musical inicial era ya con inflexión. 
  3. La práctica era reflexiva, como lo demostraban las pausas en silencio mientras se miraba la partitura, el cantar/tararear, hacer anotaciones en la página, o expresiones verbales como ¡ajá!. 
  4. Los errores se evitaban deteniéndose anticipadamente. 
  5. Se abordaban los errores inmediatamente luego de que aparecían. 
  6. Tanto la ubicación exacta como el origen de cada error se identificaban con precisión, se trabajaban y se corregían. 
  7. Los tempos de cada ejecución individual variaban sistemáticamente; lógicamente se daban cambios de tempo entre cada intento (por ejemplo, se ralentizaba para corregir las partes más delicadas). 
  8. Los pasajes en los que se enfocaban se repetían hasta que el error se corregía y el pasaje se estabilizaba, así lo demuestra la ausencia del error en los intentos subsecuentes.
Las tres mejores estrategias

De las ocho estrategias mencionadas, hubo tres que fueron empleadas por los tres mejores pianistas, pero rara vez abordadas por el resto. De hecho, de los otros pianistas solo dos (los número 4 y 6) emplearon más de una: 
  • Tanto la ubicación exacta como el origen de cada error se identificaban con precisión, se trabajaban y se corregían. 
  • Los tempos de cada ejecución individual variaban sistemáticamente; lógicamente se daban cambios de tempo entre cada intento (por ejemplo, se ralentizaba para corregir las partes más delicadas). 
  • Los pasajes en los que se enfocaban se repetían hasta que el error se corregía y el pasaje se estabilizaba, así lo demuestra la ausencia del error en los intentos subsecuentes.
¿Cuál es el común denominador en estas tres estrategias?

Los investigadores descubrieron que la más tajante diferencia que existía entre los tres mejores pianistas y el resto, era el cómo enfrentaban los errores. No es que los mejores pianistas cometieran pocos errores al comienzo y entonces les era más fácil aprender el pasaje. Estos pianistas también cometían errores, pero lograban corregirlos de tal forma que esto les ayudaba a no cometer los mismos una y otra vez, lo que llevaba a una proporción más alta de intentos sin errores en general.

Una regla que tenían todos en común

Los mejores pianistas emplearon una variedad de métodos para corregir errores, tales como tocar con una sola mano, o tocar solo una parte del fragmento, pero había una estrategia que parecía ser la de mayor impacto:

Hacer las cosas estratégicamente más despacio.

Luego de cometer un error, los mejores pianistas tocaban el pasaje una vez más, pero más lento o con vacilación -sin detenerse- justo antes del lugar donde lo habían cometido en su intento anterior. Esto les permitía tocar la sección con mayor precisión, y se podría suponer que coordinaban los movimientos a un tempo en el que podían hacerlo, en lugar de seguir cometiéndolos sin poder identificar la naturaleza exacta del error, el problema técnico subyacente, y qué debían hacer diferente en su siguiente intento.

Una frase como conclusión

“El éxito no consiste en nunca cometer errores, sino en no cometer el mismo más de una vez”. George Bernard Shaw

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