Por Maria Popova
Traducción de Juan Fernando Pardo
Versión inglesa original de este artículo:
http://www.brainpickings.org/index.php/2012/02/15/guitar-zero-gary-marcus/
Sobre la naturaleza, la educación y los senderos neuronales de la posibilidad.
¿Los músicos nacen o se hacen? ¿Cuál es la línea divisoria entre
habilidad y talento en cualquier campo, y, se puede llegar a adquirir alguno en
el transcurso de nuestra vida? Esto es exactamente lo que el neurólogo Gary
Marcus explora en Guitar Zero: The New Musician and the Science of Learning (Guitar Zero: El nuevo músico y la ciencia
del aprendizaje) – un viaje fascinante hacia los
límites de la reinvención humana.
En un esfuerzo por reconciliar su eterna pasión por la música con su
ineptitud musical crónica, por él mismo admitida, Marcus se dispone a desacreditar
una de las teorías de más trascendencia sobre el aprendizaje: que existen
“períodos críticos” en los que las habilidades complejas se pueden aprender,
pero que desaparecen justo después de la adolescencia.
“Si los períodos
críticos no son algo tan sólido como se solía creer, emerge un sinfín de
posibilidades para los adultos con anhelos secretos: aprender una nueva lengua,
llegar a ser un chef de cocina o pilotear un avión. Búsquedas como éstas, sin
importar que tan quijotescas parezcan, independientemente de que se tenga éxito
en ellas, podrían traer beneficios no previstos, no sólo en cuanto a su meta
final sino también en cuanto a su trayectoria misma. Ejercitar nuestro cerebro
ayuda a su buen estado, conserva su plasticidad (la capacidad del sistema
nervioso de aprender nuevas cosas), previene su degeneración, y, literalmente,
mantiene el flujo sanguíneo. Más allá de los potenciales beneficios para
nuestro cerebro, están adicionalmente los beneficios para nuestro bienestar
emocional. Quizás no haya mejor forma de
conseguir felicidad duradera –en oposición al simple placer efímero- que ir en
pos de un objetivo que ayuda a expandir nuestros horizontes”.
No obstante, para su sorpresa, Marcus se encontró con una escasez de
literatura científica e investigación en el área del aprendizaje musical en las
personas de su misma edad. El problema resultó ser, no la falta de interés
científico, sino, una falta de sujetos –el estudio de los resultados de adultos
que dedicaban 10.000 horas de práctica, presentaba dificultades puesto que la
mayor parte de la gente de esta edad tenía responsabilidades que les impedía dar
prioridad a este tiempo. Por ello, Marcus decidió ofrecerse él mismo como
conejillo de indias.
Siguiendo un atisbo de esperanza, Marcus buscó un número de
reconocidos músicos que descubrieron su particular talento musical a edad
relativamente avanzada – Patti Smith
no pensó en volverse cantante profesional hasta que se encontraba ya en sus
veinte. El gran guitarrista Pat Martino,
considerado un ícono del jazz, tuvo que volver a aprender a tocar luego de que
sufriera un aneurisma cerebral a la edad de 35 años. Y el teclista Dr. John, una leyenda de Nueva
Orleans, cambió su guitarra por el piano a sus 21 a causa de una lesión, más
tarde mereció el primero de sus cinco Premios Grammy a la edad de 48 años.
Despojado de sus aspiraciones de llegar a ser un grande como ellos, Marcus, con
38 años y una carencia rítmica ya documentada, aún continuaba con su anhelo
desesperado de convertirse en guitarrista. Como el mismo lo declara: “Quizá
haya muy pocas personas con menos talento que el mío, sin embargo, muy pocos
desean con mayor insistencia que yo aprender a tocar”. Fue entonces cuando
afrontó la cuestión fundamental:
“¿Podrían la
perseverancia y el amor de toda una vida por la música superar la edad y la
falta de talento? Y, siendo así, ¿cómo es que alguien independientemente de su
edad se hace músico?”.
Curiosamente, uno de los experimentos más influyentes en momentos
cruciales proviene de las lechuzas, que, como los murciélagos, confían ampliamente
en sus oídos para viajar; pero a diferencia de los murciélagos, las lechuzas
poseen mejor visión, y una de las primeras cosas que hacen luego de salir del
cascarón, es calibrar sus oídos con sus ojos, graduando lo que oyen con lo que
ven. No obstante, ya que este sistema de navegación guiado por información
sonora depende de la distancia exacta entre ojos y oídos, que cambia con el
crecimiento, es algo que no podría ser suministrado al nacer.
Para estudiar cómo las lechuzas calibran sus mundos visual y auditivo,
Eric Knudsen, biólogo de Stanford, diseñó un ingenioso experimento en el que
criaba lechuzas en una especie de mundo de realidad virtual donde había prismas
que cambiaban todo en 23 grados, obligando a estas aves a ajustar su mapa
interno del mundo. Knudsen descubrió que las lechuzas jóvenes aprendían a
compensar esta distorsión con facilidad, mientras las viejas no –al menos no en
el primer intento. Mas, en cuanto se hicieron pedazos los 23 grados –en pocas
semanas se cambió a 6 grados, en otras pocas a 11, y así sucesivamente– las
lechuzas adultas fueron capaces de hacer el ajuste.
Mirando todo desde esta perspectiva, Marcus se volvió hacia el curso
de David Mead “Crash Course: Acoustic
Guitar”, que desmenuza la ejecución de la guitarra de manera muy bien
dosificada, como si se tratase de una adaptación humana de lo que sucedía con aquellas
lechuzas adultas. Esto le dio a Marcus las bases, y con ello el primer paso
hacia un nuevo cableado de su propio cerebro
"Este libro trata de cómo comencé a
distinguir mi derriere musical de mi codo
musical, pero no sólo es sobre mí: es
también sobre la psicología y ciencia del cerebro, de cómo cualquier
persona, a cualquier edad –infantes,
adolescentes o adultos– pueden acceder y aprender algo tan complicado como la
ejecución de un instrumento musical".
[El homúnculo cortical de Wilder Penfield es una representación
gráfica del tejido neuronal de la corteza motora primaria, con asignación a
diferentes partes del cuerpo. Ilustra cómo la cantidad exacta de “estado real
cortical” varía entre las partes del cuerpo; las más sensibles tienen mayor
estado real. Marcus propone un sencillo experimento para comprobar lo anterior,
se requiere la ayuda de un alfiler y un amigo de confianza:
Cierre los ojos mientras su amigo suavemente le pincha con el alfiler.
En las áreas con fuerte representación vertical, se dará cuenta cómo usted es
capaz de discriminar fácilmente los pinchones en áreas cercanas. En áreas con
ligera representación cortical, algunas veces no podrá diferenciar dos piquetes
que no coinciden aun cuando se hallen en puntos cercanos].
Ya en marcha, Marcus explora los elementos básicos de la música y cómo
ésta ha evolucionado cultural y biológicamente. Profundiza en el concepto
ampliamente conocido de las “diez mil horas” de teoría para llegar al dominio,
concepto desarrollado por el psicólogo cognitivo Anders Ericsson, “el más grande experto en el desarrollo de la
destreza”, y examina el segundo prerrequisito menos conocido de Ericsson –la
noción de “práctica deliberada”, que describe la constante sensación de
autoevaluación y un consistente enfoque en las propias debilidades más que en
la ejecución de las fortalezas. De hecho, la práctica dirigida a debilidades
específicas se conoce como “la zona de desarrollo proximal” y ofrece un marco
de todo lo que va desde lo educativo a los videojuegos:
“[La “zona de
desarrollo proximal” consiste en] la idea de que el aprendizaje funciona mejor
cuando el estudiante trata de resolver aquellas cuestiones que van más allá de
su actual alcance, que no sean ni muy difíciles pero tampoco muy fáciles. En
las actividades dentro del salón de clases, por ejemplo, un grupo de
investigadores estimó que es mejor hacer las cosas de forma tal que tengan
éxito en un 80% aproximado de las actividades. Más de allí los niños tienden a
aburrirse; menos, y tienden a frustrarse. Lo mismo se verifica en los adultos. Esta
es la razón por la que, se sabe, los grandes fabricantes de videojuegos hayan
invertido millones en correr pruebas para asegurarse que el nivel de dificultad
siempre se sitúe en aquel punto ideal de ni muy difícil, ni muy fácil”.
No obstante, lo que hace a Guitar Zero excepcional no es
simplemente el que cuestione el mito del instinto musical y confronte la idea
de que el talento es sencillamente algo mítico – sino que entraña un mayor
cuestionamiento: el de los límites de nuestra capacidad de transformación y, en
última instancia, el de la mecánica de la satisfacción y el propósito.